Abrí los ojos, y lo primero que vi fue lo que cambió mi vida.
Estaba totalmente desnudo, envuelto en los brazos de un chico que nunca había visto, y con el que, al parecer, había estado bebiendo la noche anterior. No entendía lo que estaba pasando, ni mucho menos que era lo que estaba haciendo en aquel lugar que nunca había visto.
El chico no se movía para nada, y si no fuera porque sentía su respiración en mi cuellos, hubiese pensado que estaba muerto.
Intenté darme la vuelta con todo el cuidado del que fui capaz, para ver su cara, y sentí que él respondía a ese movimiento bajando sus manos hasta mi cadera, como si fuese alguna chica con la que hubiese ligado la noche anterior. Me estremecí ante esos pensamientos, pues no sabía quien era él y ni siquiera había visto su rostro aún, pero me sentía furioso y quería botarlo a patadas.
Me saqué sus manos de encima con toda la furia de la que fui capaz y me senté en la cama.
Él no despertó, sino que siguió durmiendo como si nada.
Cuando me volteé a verlo, no lo podía creer. El chico al que quería botar era el vocalista de mi banda de rock favorita. Un tipo de unos 25 años y con un cuerpo increíble, y mientras lo veía dormir, recorrí su rostro con mis dedos temblorosos y muy impactado por lo que estaba sintiendo. Él agarró mi mano y abrió los ojos de golpe.
Al principio me miró sorprendido, luego furioso y al final me sonrió. Era un verdadero pecado que pudiera sonreír de esa manera, pues me hacía pensar que no habría tenido sentido lo que dijera o pensara, ya que me hallaba fuera de mi, embobado con su maravillosa sonrisa.
Cuando notó como enrojecía, se sentó a mi lado y me abrazó con fuerza, pero aún sintiendo la fuerza de su abrazo y el calor que despedía su cuerpo, no podía creer que estaba en sus brazos ni mucho menos que estaba compartiendo la misma cama con él. De repente me miró con intensidad, y estampó sus labios contra los míos. Al comienzo no pude responderle el beso, pues aún estaba en estado de shock, pero él ni se inmutó ni nada, y me obligó a recostarme otra vez. Me miró con esos grandes ojos verdes y recorrió mi rostro con una tierna caricia, que despertó mi mente y mi instinto de hombre.
Pude notar como su mano se deslizaba lentamente por mi cara hacia mi oreja y luego a mi cuello, siguiendo el contorno de mi pecho y mi abdomen, deteniéndose en mi ombligo. Retiró la mano para apoyar cada una de ellas a cada lado de mi cabeza y poder recostarse sobre mi. Tenía sus exquisito rostro a centímetros del mio y mi corazón martillaba contra mis costillas por el calor de su piel contra la mía. Lo miré a los ojos y pasé mi mano por su suave y sedoso cabellos color arena, solo para poder acariciarlo, para estar seguro de que podía tocarlo con mis propias manos, pero el sonrió otra vez ante mi caricia, dejándome petrificado y me abrazó fuerte con esos brazos que siempre soñé acariciar.
Poco a poco comenzó a besarme en los labios, la oreja, el cuello y la clavícula. Poco a poco seguía descendiendo, encendiendo mi cuerpo de una manera que nunca antes había sentido, con un fuego quemando cada parte de mi piel que sus labios tocaban.
Era ya de día y no estaba muy seguro de poder continuar, y si yo sería quien diera o quien recibiría, por lo que suspiré, y él me miró con curiosidad en los ojos y exsitación en los labios. Entendía como se sentía, y también sentía el nivel de excitación que había alcanzado cuando su pene rozó mi pierna. Sentía sus deseos de continuar, pero con suavidad lo aparté y me volví a sentar.
- Soy heterosexual, no me gustan estas cosas.
Él pareció entenderlo y estaba divertido por mi comentario luego de ver que tan excitado estaba. Rió por lo bajo y con otro suspiro me dijo:
- Ya lo sabía. Lo repetiste hasta el cansancio anoche, pero aún así te excitabas, y te excitas, cuando te tocaba. No niegues lo que sientes por mi, cuando tu cuerpo lo acepta y lo reconoce por ti.
Recorrió mi espalda con los dedos, y un escalofrío recorrió mi columna anidándose en mi estómago el deseo de poseerlo.
No me sentía adolorido, por lo que yo suponí que no había recibido de él, y el continuaba acariciándome y besándome.
Me puse de pie para aclarar mi mente y alejarme de su olor que e enloquecía, y me fui al baño.
Entré en la ducha, y me tomó solo unos minutos pensar en los motivos de que yo estuviera en un hotel con él, quien además era un personaje reconocido, y yo un don nadie que simplemente estudiaba en una escuela que a nadie le importaba. Era un simple vago, que hacía lo que le decían por el día, y durante la noche un quejica que se descargaba en el alcohol.
Recordé que la noche anterior había salido de la escuela, y, como de costumbre, me pasé por el bar que tenía mi hermano para beber con él y desahogar mi frustración en el alcohol, cuando la banda apareció. El bar era un lugar oscuro, y nadie los miró por segunda vez, ya que todos se encontraban en una condición igual o peor que la mía. Mi hermano me escuchaba sin interés alguno, pues que un niño estuviera en un bar era un problema al que se había que tenido que acostumbrar cuando me descubrió bebiendo en la calle con unas desconocidas. Me tomó bajo su tutela cuando nuestros padres murieron. La vida no había sido buena conmigo.
Le estaba contando que mis amigas de la escuela querían que yo saliera con ellas a una fiesta, pero no quería involucrarme con ellas, ya que no quería perder a los pocos amigos que me quedaban. Sabía que era guapo, siempre me lo habían dicho todas las chicas ante las que me presentaba, pero nunca me lo había dicho un hombre, y en la condición en la que me encontraba, me sacó de quicio. El idiota que me dijo esa mierda debía morir bajo mi mano, pero cuando me voltee para encararlo, me quedé petrificado. Era él. Sí, él se había acercado a mi, para decirme que yo era guapo, pero ¿cómo creerle a una super estrella que era millones de veces más guapo que cualquiera?
Al no obtener respuesta, se fue cuando sus amigos lo llamaron y yo volví a quejarme con mi hermano, que ya se estaba cansando.
Me dijo que me fuera a casa en los minutos que le siguieron, y yo caminaba sin rumbo por la calle. No quería ir a casa, todavía era temprano y quería seguir bebiendo. Alguien me tocó el hombro mientras atravesaba el parque, y otra vez me quedé petrificado. Era él, otra vez. Me habló lento para que le entendiera, y me invitó a beber. No acepté su invitación, pero tampoco me negué, por lo que me arrastró con él.
Fuimos a un lujoso hotel, de los que no desentonan con una estrella, y yo estaba lo suficientemente conciente para entender que no era bienvenido en el bar de ese hotel, por lo que me llevó a una habitación, donde me seguí quejando de las chicas, y él me escuchaba con calma.
En algún minuto me dio sueño, y le dije que me iba a casa. Él me invitó a quedarme, ya que me podía pasar algo en el camino a casa y no estaba en condiciones de desmentirlo.
Me ayudó a acostarme, y me quitó los zapatos y los pantalones. Me dijo que era guapo otra vez, por lo que me largué a reir, sonaba divertido viniendo de sus labios.
Lo miré a los ojos, y me quedé embobado. No podía entender como podía tener esa mirada tan tierna siendo un hombre tan mayor, siendo yo el que era un niño de 16 años. Él me miró exitado, y me besó. No fue un beso cualquiera, sino que hizo correr por mi cuerpo una descarga electrica, que me excitó, por lo que lo tumbé y me puse sobre él. Le arranqué los pantalones como pude con sus labios aún en los míos.
Él se giró, y quedó sobre mi, tocando cada parte de mi anatomía, recorriendo con la vista cada parte de mi cuerpo, lo que me excitaba aún más.
En algún minuto me había quitado la ropa interior, y la de él tampoco estaba. Estabamos ambos completamente desnudos. Comenzó a besarme el cuello, las orejas, el pecho, el abdomen y continuo bajando, lamiendo y chupando, lugares en los que no eran caricias del todo nuevas, pero la sensación si que lo era. Introdujo sus dedos en mi ano, y comenzó a lamer mi pene, mientras yo mantenía su cabello entre mis dedos, alejando y acercando su cabeza, hasta que mi cuerpo se estremeció, y con un gemido deje salir todo. Su boca estaba llena de semen, pero él no parecía preocupado por ello, sino que parecía más interesado en como me estaba mojando poco a poco. Me tomó las piernas, y me besó los labios y el cuello, para mantener la excitación. Mi pene volvía a crecer, y el suyo estaba enorme, más grande del que nunca había visto. Le grité que era heterosexual, que no quería que continuara con esto, pero el solo sonrió con ello, como si fuese una buena broma. Probablemente ya no había manera de hacerle creer aquello, ya que tenía una erección por sus caricias, y me había corrido bastante mientras me chupaba, por lo que ya no importaba lo que dijera, él no iba a creerme. Por lo que simplemente me resigné. No iba a dejarlo sufrir con el pene de ese tamaño, así que obedecí como buen niño, y aprenté los labios para no dejar salir un grito cuando el me penetró. Estuvo un segundo dentro, tranquilo, y poco a poco comenzó a entrar y salir de mi cuerpo. La sensación era extraña, pero no se sentía tan mal, porque era él. Sabía que lo dejaría hacer lo que quisiera, solo porque era él quien lo hacía. Siempre había soñado con estar entre sus brazos, aunque claro, no de esa manera, en un abrazo tan apretado e íntimo. Mientras me penetraba comencé a sentir un placer inexplicable, ya que él no tocaba mi pene, y yo tampoco lo hacía, así que me sentí extraño cuando eyaculé otra vez, y él lo hizo conmigo esta vez.
Sus embestidas se detuvieron, y algo me mojó por dentro. Estuvo un rato más dentro de mi, y luego volvió a besarme. Me lo saqué de encima de alguna manera, y él me pedía perdón mientras las lágrimas caían. En algún momento me tuve que dormir.
Cuando recordé todo lo que había sucedido, me sentí como un imbécil rechazándolo ahora, pero él no parecía ofendido ni dolido, pero claro, él no me conocía, por lo que no debía sentirse apenado en realidad.
Mientras estaba en la ducha, me di cuenta que estaba limpio, por lo que él debería haberme limpiado, pero no recordaba cuando había ocurrido eso. Mi cuerpo se sentía un poco pesado y adolorido, pero no era malo, solo extraño.
Salí de la ducha, listo para encararlo y exigirle una explicación, pero no me había llevado mi ropa, y era peligroso salir solo con toalla, por lo que busqué una bata y me la puse. Cuando salí, no había nadie en la habitación. La cama estaba hecha, y mi ropa doblada sobre ella.
Sobre la ropa, había una nota, donde había escrito muchas palabras, pero algunas hicieron sentir extraño a mi corazón, como si se encogiera y luego volviera a expandirse de una manera imposible. La nota decía:
<misaki:></misaki:>
Lamento lo que ha pasado, pero te volveré a buscar.
Tengo un concierto en otra ciudad y no se cuando
podré volver, pero sigue escuchando mis canciones,
todas siempre han sido solo para ti.
Intenta recordarme, como yo lo he hecho a penas
te vi la otra noche.
Te quiero,
Akihiko>
¿Rocordarlo? ¿A esa super estrella? ¿Había estado en el pasado que tanto me esforcé por olvidar cuando mamá me abandonó?
¿Me quiere? ¿A mi? ¿Quién era él de las pocas caras que recordaba de cuando era niño? ¿Lo volvería a ver?
Eran demasiadas las preguntas que tenía, pero no podía encontrar las respuestas. Solo esperaba volver a verlo y exigir que me respondiera. Era todo lo que pedía.
- FIN -

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