miércoles, 4 de enero de 2012

La primera vez por Miss Alice



-Esto… Estás seguro… Akihiko?
Usagi metió de nuevo sus frías manos bajo la camisa de Hiroki. Éste tembló al instante, ansioso por el próximo ataque. Akihiko no dijo nada pero no paraba de rebuscar entre el pantalón de su compañero eso. El punto exacto en que…
Aquella lengua pasó juguetona detrás de la oreja de Hiroki pronunciando el  nombre y entonces fue donde ya no pudo más. Se levantó de la cama y abrochó su pantalón con histeria.
-¡Para ya! 
Tomó su ropa de debajo de la cama y se abrochó su camisa. Para cuando Usagi se quitó la venda, Hiroki ya estaba totalmente vestido y con una determinación inquebrantable. Se abrió paso entre las pilas de libros desordenados y se sentó en el sillón tapándose los ojos con el antebrazo. No habían pasado ni dos minutos cuando sintió como se hundía el sillón a su derecha.
-Hiroki, lo siento.
Usagi abrazó a Hiroki por la cadera y con la mano libre dirigió su rostro hacía él. Sin el valor suficiente para renunciar al beso pero con la dignidad aún presente para apartarlo cuando hubo terminado, lo aceptó. 
Fue a la cocina y comenzó a rebuscar entre la despensa. Al fin se decidió que sólo estaba huyendo y volvió al lado de Usagi. Éste ya llevaba rato observándolo plácidamente con cigarrillo en mano y escribiendo con la otra. Hiroki tuvo que disimular mucho para ocultar el sonrojo que inevitablemente apareció luego de ver sólo una página de lo escrito. Desvío la mirada del rostro de Usagi pero ya era tarde. Lo sabía.
-¿Qué pasa Hiroki? ¿No te gustaría que retomáramos lo que hacíamos? -Un gemido ligero se escapó de sus labios rosados y cubrió su boca con ambas manos –O es que… ¿Me permitirías hacerte lo que he escrito?
De un solo golpe sordo, Usagi consiguió lanzarlo al suelo y antes de que este reaccionara ya estaba sobre él. Lo miró directo a los ojos y podría jurar que Hiroki hizo un esfuerzo sobrehumano por sostenerle la mirada. Tomó ambas manos de su acompañante y las puso sobre tu cabeza presionando con fuerza.
-Akihiko… 
Hiroki comenzó a jadear y Usagi supo que era el momento preciso. Bajó su cabeza besando el cuello expuesto a causa del placer provocado y dando pequeños mordiscos llegó de nuevo hasta sus labios. Tomó del cabello castaño y lo acarició con ímpetu hasta sentirlo sometido. Logró liberar una mano y con ella acarició la entrepierna de Hiroki. Éste lanzó un grito ahogado ya entregado a él desde antes de haber caído al suelo, mucho antes de que Usagi hubiera sabido de su existencia, mucho antes de todo…
Recargó el peso de su cuerpo sobre sus codos y embarró su cuerpo contra el de su compañero. Al principio fue muy lento, pero luego, frenético, los movimientos se hicieron más rápido y bruscos. Ya con el pudor muy dejado al olvido consiguió desbrochar su pantalón y la camisa. La simple vista de Hiroki, sonrojado, sólo con una mano sobre su barbilla y sus dientes apretando sus dedos consiguieron exaltarlo más de lo que ya se hallaba. Presto al momento le lanzó una fugaz mirada lasciva a Hiroki y este no pudo más que asentir, gritándole con su cuerpo que lo hiciera, que hiciera cuanto quisiera. 
Entonces Usagi lo volteó, obligándolo a quedar en cuatro puntos. Desde donde estaba tenía una vista privilegiada y no dudó en hacérselo saber. Hiroki sólo bajó la cabeza sonrojado, rogándole que empezara YA.
-¿Es tu primera vez Hiroki? –Pronunció Usagi apenas en un jadeo detrás de la nuca lo que provocó que se encorvara aún más y asintiera torpemente al tiempo que se le escapaba un ronco “sí…”
Entonces siguió la lluvia de besos y caricias penetrantes. Hiroki comenzó a moverse instintivamente empujándose hacia Usagi, ésta podía sentir todo el calor emanando de aquél cuerpo, rogando ser tomando. Así bajó su mano y empezó a prepararlo suavemente. Primero con la lengua, luego un dedo, dos.. Y Hiroki ya estaba viendo las estrellas. Sabiendo que no podría sostener su propio peso, Usagi lo tomó y lo sentó encima de él, haciendo que quedaran de frente y así el moreno pudiera tener el control.
-Tú sabes, quiero ver tu cara cuando.. –Un gruñido se le escapó entonces. Usagi, el gran amante. La persona que amaba había correspondido a sus deseos y justo ahora, estaba viéndolo a los ojos. No usando una venda. No llamándolo Takahiro como antes sino con total consciencia del ser que tenía enfrente suyo. 
Hiroki se decidió y dejó caer su cuerpo sobre las caderas dispuestas de Akihiko. Con risa sardónica se apoderó de aquél. Moviéndose rítmicamente y sintiendo aquella invasión prometida. Todo iba perfecto hasta que abrió los ojos y se encontró con esos jodidos ojos morados viéndolo directamente, penetrándolo hasta el fondo más recóndito. Temió lo peor. No era el momento.
-Hiroki… Te amo.
Unos agradecidos ojos enternecieron el apasionado cuerpo que lo aprisionaba y entonces el ritmo aumentó. Una lengua ávida y experimentada recorrió los labios de Hiroki, mientras dos manos lo empujaban hacia abajo para hacer más profundas las sensaciones. Uno, dos… mil. Las veces que fueran necesarias. Hasta que lo logró. Hiroki liberó un grito agudo mientras dos cristales aparecían en sus mejillas y una sonrisa se abría paso entre los gemidos. Usagi lo presionó fuertemente a él y así, en ese abrazo quedaron fundidos por un largo rato. Hiroki con la cabeza escondida entre el cabello grisáceo. Aún sintiendo en su interior el anhelado néctar que delataba lo ocurrido. Con las manos aferradas a la pálida espalda y aún con las palabras aleteando en sus pensamientos.
Usagi al fin se incorporó y le sonrío complacido. Beso su frente tiernamente y se levantó, dejándolo imposibilitado de seguirlo, sólo en el suelo con el corazón en las nubes pero los pies en la tierra.
Se sentó detrás suyo y un beso escurridizo apareció en su espalda. Se recargó en el pecho torneado y permitió ser abrazado y atendido. Usagi seguía escribiendo con actitud malévola. Hiroki apenas podía respirar y ese bastardo ya estaba pensando en otras cosas.
Apenas alcanzó a leer un “Hiroki lo tomó por sorpresa tomando aquello tan preciado… Hiroki… Ahhh!!” antes de cerrar el libro y mirar a Usagi. Claro que no, no iba a hacerlo.
-La próxima vez nada de lágrimas ni de sumisión Hiroki. Esta vez quiero ser tu pasivo.
Y se perdieron en un largo beso que daba a entender la aceptación forzada de Hiroki de realizar la próxima fantasía del hombre que dormía en su cama desde hacía ya unos cuantos inviernos.

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